La noche blanca antes de la Nuit Blanche
Cuando ayer los medios anunciaron temprano que el viernes caerían hasta 25 cm de nieve mi reacción no fue nada positiva. Confieso que la llegada “temprana” de la primavera me tenía entusiasmada y la idea de ir a “endulzarme los labios” pronto, me hacía sonreir. No por el hecho de ir a una cabane à sucre en sí, sino porque si bien recuerdo el año pasado, de ese día de la típica visita québécoise a las largas jornadas soleadas -con terrazas y parques, camisetas y faldas-, pasó poco tiempo.
Solía ser una entusiasta del frío que disfruta del calor únicamente cuando está en la playa (digo solía, porque realmente he comenzado a apreciar las bondades de las temperaturas sobre 30°C) . Pero mi relación con la nieve, hasta ahora, no ha sido tan positiva. Es decir: disfruto los días fríos, cuando no hay nieve. No es que me ponga de mal humor. Pero, tampoco me agrada. Así, voy llevando esta relación que se parece más a un noviazgo por conveniencia. (Y vaya que me conviene acostumbrarme ¿no?).
Pero fue precisamente esa cantidad de nieve, que ayer se presentó en forma de flocones gigantes, que me hizo mantenerme pegada a la ventana del carro durante todo el recorrido de regreso a casa después de clases y el trabajo. Describir el espectáculo que dejó sobre los árboles secos de la ciudad es difícil, pero sí puedo decirles que era tan agradable que me sentí como una niña que entra a una juguetería. Simplemente, no me podía despegar.
Y no solo fue el espectáculo de los árboles blancos. El cielo, encapotado como señal de que la tormenta seguiría hoy, estaba más iluminado que nunca. Un resplandor que, particularmente, no había visto desde que llegué a Montreal (un año y unos cuatro meses). La ciudad se presta para ello, claro está, con sus grandes edificios que iluminan la modernidad de su centro y las casas de comienzos del siglo pasado que, con puertas y escaleras, te dicen: ‘sí, estás en Montreal’. Aquello parecía como si estuvieran encendidas las luces de 100 estadios juntos que se multiplicaban con la blanca nieve por doquier.
Para no hacer el cuento más largo, les dejo unas fotos del paisaje que nos mostró ayer la ciudad y que hizo que muchos no entusiastas de la nieve -como yo- descubrieran una hermosa cara de la nevada, por demás oportuna para la Nuit Blanche 2012.
Twitter: @GAbAguzzi - gaguzzi@noticiasmontreal.com
























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